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domingo, 15 de noviembre de 2020

DE LA PESTE NEGRA AL CORONAVIRUS

 


          Leyendo un antiguo libro de historia, me ha llamado la atención, seguramente por las circunstancias que estamos viviendo, las epidemias que tuvieron lugar en siglos pasados. Una de las más importantes fue la de peste negra que se produjo a mediados del siglo XIV y que no respetó ninguna clase social, aunque se cebó, como es natural, en las más desfavorecidas por carecer éstas de las reservas y defensas que da una buena alimentación.

          Toledo debió ser una de las zonas más castigadas del país, tanto es así que en 1354 se habla del "arraval de la mortandat", que debió ser alguna zona donde sus vecinos quedaran diezmados. Es muy difícil conocer la cantidad de muertos por la falta de documentos, pero si se sabe que debió ser espantosa por unos epitafios hebreos en los que se puede leer. " ¿acaso hemos de perecer todos?". Y a través de estas inscripciones se puede vislumbrar la cantidad de vidas que quedaron truncadas de todas las edades y condiciones sociales y económicas.

          Otra epidemia que también hizo estragos fue la de cólera de 1830. Desde diferentes  pueblos se enviaban a la capital cartas desesperadas solicitando algún médico que pudiera asistir a los enfermos. Hasta uno de aquellos lugares perdidos en la miseria, llegaron dos carmelitas descalzos para socorrer espiritualmente a sus gentes. Y lo que allí vieron les dejó terriblemente impresionados, con el corazón encogido. Nada más entrar al pueblo salieron todas sus gentes en tropel a besar los crucifijos y ponerse de rodillas. Estaban desesperados y presos del pánico porque todos cuantos caían enfermos morían en un plazo de 24 horas.  En una sola hora confesaron y dieron la unción a cuarenta y dos, y por las calles salían a cada paso buscándolos para llevarlos a las casa. Consternados por la situación escribieron una carta a las autoridades pidiendo ayuda, pues el desconsuelo era tan grande que, ellos mismos ya no sabía qué hacer.

          Ahora estamos en otra epidemia, la del Covid-19 del año 2020, que afortunadamente no es tan mortal. Pensábamos que ya en el siglo XXI lo tendríamos todo controlado, pero a la vista está que no es así. Incluso ahora es mucho más fácil su propagación por todo el planeta a través de las comunicaciones y los transportes. Sin embargo ahora tenemos más recursos, más medios, sabemos más de las enfermedades y su trasmisión, y por consiguiente podemos protegernos mejor. Si a nuestros antepasados les hubieran dicho que podían salvar la vida respetando las distancias o siguiendo unas medidas higiénicas concretas, lo hubieran hecho sin pensar dos veces. ¿Por qué nosotros no lo hacemos igual? Todavía sigo viendo en la calle gente que no se pone la mascarilla, veo a los niños jugando en los parques todos juntitos sin ningún tipo de medida , veo a los padres tranquilamente sentados en el kiosko, todos apelotonados conversando, veo que se han cargado los precintos de ciertos lugares para entrar, hacer botellón, fiestas en las casas...¡Seamos un poquito más responsables!

          De acuerdo que las autoridades no están haciendo una buena gestión y que hay muchas cosas que tendrían que mejorar ( eso daría para hablar largo y tendido), pero al menos, lo que esté en nuestra mano hacer, ¡hagámoslo! Y si con ello evitamos contagios y muertes...¡Mucho mejor!




domingo, 8 de noviembre de 2020

CARTA DE UN FANTASMA ENAMORADO

 


Dicen que noviembre es el mes dedicado a los muertos. A mí, personalmente, me gusta ser un poco más positiva y pensar que también se celebra el Día del Niño, de la Música, del Maestro...Pero como estamos en época de misterio, os dejo este pequeño relato para entreteneros. Y os dejo también el calendario de este mes.

       CARTA DE UN FANTASMA ENAMORADO

¡Adiós pandilla de idiotas! Me despido de vosotros para no volver nunca más. Hoy es el día más feliz de mi vida . Hoy voy a dar cerrojazo a esta existencia que llevo de penurias trasnochadas. Hoy voy a reunirme con mi amada, el ser más maravilloso que haya pisado la tierra. ¡ Y lo digo yo, que llevo 250 años vagando por ella! Ya no tendré que aguantar vuestras impertinencias, ni que me invoquéis a cada momento perturbando mi tranquilidad, ni que contéis sobre mí un montón de falacias sin sentido alguno. Desapareceré para siempre de vuestras vidas y vosotros de la mía, por fin quedaré libre y en paz para poder iniciar un nuevo camino a su lado.

Nuestra historia comenzó muchos años atrás, cuando compró el palacete que yo habitaba y que nadie se atrevía a ocupar por las historias que circulaban sobre él. Sin embrago a ella, mujer valiente y decidida, eso no le importó. Al principio pensé que sería una inquilina más y que saldría corriendo antes de la tercera noche cuando me sintiera salir a dar mi paseo nocturno por el jardín, pero no fue así. Tampoco se asustó cuando escuchó los golpes que salía dar a la pared como ejercicio matutino, ni mis suspiros producidos por la pesadumbre de vivir en soledad y apartado de todo. No, no se asustó con ninguna de las cosas que habitualmente hacía y que causaban terror en todos los que por allí habían pasado.

Tengo que decir que aquello despertó mi curiosidad, y entonces empecé a espiarla. Salía todas las mañanas a la misma hora con un gran carpetón en la mano, imagino que iría al trabajo  y ya no regresaba hasta media tarde. Al atravesar la puerta tiraba los zapatos en medio del salón y se iba derecha a la cocina a prepararse un café que se bebía mirando las hortensias de la ventana. El resto del tiempo leía, escribía en esa máquina del diablo que no necesita papel ni pluma o hacía suaves ejercicios físicos en la alfombra del salón. Algunas veces recibía visitas ,  cada vez menos porque se corrió la  voz de mi presencia en el lugar y eso les asustaba. Hasta ahí, todo era normal, aunque si digo la verdad me atraía su manera hacer las cosas y, sobre todo, el hecho de que no me tuviera miedo me hizo sentir una clara simpatía hacia su persona, pero cuando la oí tocar el piano del salón, ya si que me desarmó por completo y caí rendido a sus pies. Al día siguiente quise hacerme notar para que supiera que la había estado escuchando y que me había regalado unos minutos maravillosos que hacía muchísimos años que no podía disfrutar.. Entonces salí al jardín, recogí el aroma de las flores que flotaba en el aire y lo esparcí por su habitación. Ella, con sus grandes dotes intuitivas y su inteligencia vivaz, captó el detalle, y sin asustarse, plenamente convencida de mi presencia, cogió una tarjeta de las que había sobre la mesa, y escribió : "¡GRACIAS!"

Aquello me llegó al alma y se despertaron en mí sentimientos que pensaba muertos para siempre. Me enamoré como un adolescente. ¡A mi edad! Y después de tantos palos como me había llevado con todos aquellos inútiles que venían a importunarme llenos de aparatos diabólicos para que les dijera algo. Prefiero no acordarme.

Ella era distinta y nos enamoramos los dos como niños en la escuela. Esperando con ilusión el momento del reencuentro, que solía ser a la caída de la tarde, cuando terminados sus quehaceres del día,  se ponía a tocar el piano, y yo, en un rinconcito, la escuchaba sin hacer ruido. Luego, por la noche, me tumbaba junto a ella y dejaba que me contara muy bajito sus preocupaciones e inquietudes. Después la tomaba de la mano para trasmitirle sensaciones de paz y bienestar. Y muchas veces quedaba dormida conmigo de esa manera.

Para mí solo trascurrieron unos años más, para ella fue la mitad de su vida. Con el paso del tiempo envejeció, sus cabellos se volvieron de plata y la energía la fue abandonando. Siguió con su costumbre de tocar el piano, pero ya no podía subir bien las escaleras y los dolores de espalda la tenían postrada en el sofá muchas veces. Yo sufría lo indecible al ver su deterioro y no poder hacer nada, ni tan siquiera podía ayudarla con las tareas cotidianas de coger las bolsas de la compra o tender la colada, que tanto le costaba. Esta fue la peor época que pasamos.

 Hoy, por fin , ha muerto. Su cuerpo reposa frío e inerte sobre la cama que tantas veces fue testigo de nuestro amor a la luz de la luna. Mañana, la señora de la limpieza, la descubrirá y se llevará un susto de muerte, saldrá corriendo conmovida para avisar del suceso, y todos llorarán la pérdida de una mujer tan singular.

Pero cuando eso llegue, nosotros ya estaremos lejos, muy lejos, atravesando el universo con las manos entrelazadas al fin. Juntos por toda la eternidad. Diciendo adiós a este mundo cruel al que no volveremos jamás.





domingo, 1 de noviembre de 2020

DIA DE DIFUNTOS

 



Ese día la abuela se levantaba temprano y preparaba un bolso con todos los útiles de limpieza y otro con la comida. Se ponía su chaqueta gorda de lana, entregaba al abuelo la suya de paño y salíamos los tres a buen paso.

A mí me encantaba ir con ellos. Me parecía una especie de aventura, por eso iba contenta, agarrada siempre de su mano. Teníamos una buena caminata hasta llegar al cementerio, que estaba a las afueras, y entonces no había autobuses como ahora.  Todos los recorridos se hacían a pie. Íbamos acompañados de numerosos vecinos que también se dirigían al mismo lugar y con el mismo fin.

En la puerta, antes de entrar al Camposanto, parábamos a comprar un ramito de flores frescas en alguno de los puestos ambulantes que ese día se colocaban a la entrada. Había gente que compraba ramos muy bonitos y flores sueltas para forrar con sus pétalos la sepultura de sus seres queridos. El abuelo, en cambio, era más austero y compraba solo el tradicional  ramo de crisantemos y crestas.

Luego, una vez dentro, recorríamos un laberinto de pasillos llenos de tumbas a un lado y otro, hasta llegar a la nuestra. Y yo no hacía más que preguntarme cómo diablos los abuelos podían dar con el lugar exacto de la sepultura en medio de tantas lápidas amontonadas, todas igualitas y puestas en la misma dirección. ¡Era algo asombroso! Estaba convencida de que cuando fuera mayor y lo tuviera que hacer sola, no sabría llegar de ningún modo y tendría un serio problema porque me perdería con toda seguridad, y no había cosa más terrorífica que perderse entre los muertos.

Y mientras hacía aquellas reflexiones tan serias y trascendentales , la abuela, ajena  a mis preocupaciones, ya había sacado del bolso los detergentes y el cepillo de raíces, y ella por un lado y el abuelo por otro, se disponían a frotar la piedra con ahínco hasta arrancar de cuajo todo el verdín acumulado durante meses y dejarla reluciente. Después aclaraban con varios cubos de agua y frotaban con un paño para sacar brillo y dejar bien visibles las letras.

 La abuela, en medio de sus tareas, me contaba que allí estaban enterrados sus padres, que murieron muchos años antes de que yo naciera y fueron los pilares en los que se asentó  nuestra familia. Vinieron de un pueblo cercano y se establecieron en la ciudad después de una vida dedicada al campo. Se manejaban bien económicamente y pudieron comprar una buena casa en pleno centro. Allí terminaron su existencia apacible y allí vieron la luz varias generaciones posteriores. Yo escuchaba atenta pero sin entender la mitad de las cosas y sin imaginarme como podían haber sido aquellos dos señores que estaban allí enterrados. ¡Aún era demasiado joven para saber, si quiera, lo que era un recuerdo!

Y en aquellos trajines de ir y venir, de limpiar y arrancar malas hierbas, de recuerdos y oraciones, transcurría la mañana y llegaba pronto la hora de comer. Para entonces el trabajo ya había quedado hecho y al sol tibio de otoño comíamos lo que había preparado en el bolso, generalmente algo de fiambre que no se echase a perder. Alrededor nuestro, otras familias hacían exactamente lo mismo, y aquello se convertía en una especie de romería especial, en la que no había risas, ni música, ni alegría, pero sí mucha gente que hablaba con sus muertos y los recordaba perturbando la paz y el silencio que reinaba en el lugar el resto del año.

Por la tarde rezábamos el rosario alrededor de la lápida limpia y adornada. También había misa en la pequeña iglesia situada a la entrada, en mitad de un pequeño jardín. Decían varias a lo largo del día y las campanas, a menudo, tocaban a muerto, de una forma lenta y pausada, invitando al recogimiento.

 Luego llegaba el turno de las visitas a otras familias conocidas, se saludaban unos a otros,  se rezaba alguna oración por sus difuntos,  y se evocaban viejas remembranzas. Esto era lo que más me gustaba porque a veces ocurría, que en el paseíllo, encontraba algún que otro niño con el que poder distraerme, aunque fuera de forma muy discreta, pues los mayores en seguida nos reprendían y recordaban que estábamos en un lugar sagrado y no se podía reír ni dar escándalo.

 Así iba pasando el día, y cuando el sol rozaba el tejado de la iglesia y la temperatura descendía, era el momento de recoger los bártulos y regresar a casa. Una vez allí, la abuela ponía unas lamparitas encendidas en aceite y las dejaba toda la noche.

Para los abuelos había sido un día de rezos y recuerdos que se perdían en el tiempo, para mí tan solo un bonito día de fiesta que había pasado con ellos, y que ahora, a su vez, también ha quedado en mi memoria.




domingo, 25 de octubre de 2020

NOCHE DE HALLOWEEN PARA NIÑOS

Este año lo niños no podrán celebrar su fiesta de Haloween como otras veces , por eso he pensado en ellos y aquí va este pequeño trabajo para entretenerlos.
Espero que les guste

Esta es Calamidad Calambres, una bruja normal y corriente, de las muchas que te puedes encontrar por la calle cuando paseas en noches de luna llena.
Vive en una casita cerca de Villa Tenebrosa cultivando hierbas para sus pócimas y hechizos.

Este año no podrá celebrar las fiestas de Halloween como es habitual, pues una epidemia de catarro moqueril se ha extendido por todo el pueblo, y el Conde Drácula, que es el alcalde, ha ordenado que todo el mundo permanezca en sus casas.
Así pues, Calamidad ha tenido que recoger el precioso vestido de harapos negro que tenía preparado para la fiesta y resignarse.
Son las seis de la tarde y está viendo en la televisión la serie "El cortador de cabezas", cuando llaman a la puerta. Un poco fastidiada va a abrir y se encuentra...¡Con su amiga Clotilde Rompescobas!
-¡Sabía que estabas aburrida y he venido a solucionarlo!- le dice muy contenta.
-¿Pero si no podemos ir a ningún sitio?- contesta sorprendida Calamidad.
-¡Ni falta que hace!Porque aquí traigo la solución.
Y le enseña un fabuloso libro de recetas, lleno de polvo y telarañas, con más de mil seiscientos años a sus espaldas, procedente de antiguas brujas y que ha pasado de madres a hijas.
Calamidad no parece muy convencida, pero como no hay otra cosa que hacer se van las dos a la cocina. Y comienzan las tareas preparando ingredientes, haciendo masas, caldos, revueltos...
Aquí tenéis algunas de las comidas que las brujas preparan en su caldero y que vosotros mismos podéis hacer en esta noche oscura y fantasmal.

Al terminar, Calamidad y Rompescobas están terriblemente cansadas, asi que se van a la salita a degustar lo que han hecho. ¡Y se ponen ciegas! ¡Está todo tan rico!
Pasan la noche comiendo, contando chistes negros y tomando un rico licor de jugo de murciélago. Están agotadas , pero se lo han pasado ¡tan bien!, y piensan que tampoco ha sido tan mala idea esto de quedarse en casa.

                                               ¡¡FELIZ HALLOWEEN!!








 

domingo, 18 de octubre de 2020

VALORES EN DECADENCIA

 

Ayer recibí un mensaje de mi sobrina, muchos años dedicada a la docencia en institutos y que hacía las siguiente reflexión:
" Comenta mi madre que cuando ella era niña la gente se esforzaba mucho por escribir sin faltas de ortografía o por aprender a leer, porque no saber hablar o escribir con corrección era algo avergonzante. Se valoraba por aquel entonces la educación. Ahora tenemos todos los medios, pero nos recreamos en lo vulgar, en la mala educación, en las faltas de ortografía. Es el desprecio y la ridiculización de la excelencia, de cualquier cosa que huela a normas o a esfuerzo. Los dos factores por los que quizá nuestra civilización llegó donde llegó.
Por otro lado, cuenta mi padre que mi abuelo iba a la escuela del pueblo, sin medios, en tiempos de pobreza extrema, siendo ciento treinta niños de todas las edades en el mismo aula con un solo maestro. Faltaban la mitad de los días porque tenían que ir a trabajar al campo. Sin embargo mi abuelo creció con una sólida formación multidisciplinar y, comenta mi padre,, que sabía más de Historia que mi abuela, que era maestra. Eran otros tiempos, se valoraban otras cosas. Nadie quería ser analfabeto. 

Ahora muchos alardean de su ignorancia.
Como profesora, después de aprobar unas oposiciones durísimas tras  muchos años de estudio y sacrificio, me siento estafada teniendo que derrochar talento, tiempo y energía en un sistema que hace aguas por todas partes, donde el alumno estudioso es impopular, donde los padres se te echan al cuello si eres exigente a la hora de evaluar y donde también se pasa de curso con asignaturas suspensas ( o, lo que es peor, aprobadas gracias a un forzado "empujoncillo" de un 4 ficticio, conseguido por no tener "x" faltas de asistencia sin justificar,por no destrozar el material del aula o por estar callado un día de cada cuatro como único mérito) al 5, tras las presiones de la Inspección o de tus compañeros en la sesión de evaluación.
Lo mejor de todo es que , después de replantearte tus principios morales, devanarte los sesos y hacer encaje de bolillo para  poner el dicho 5, el alumno, indiferente, ni se alegra ni mucho menos te lo agradece.

Uno se pregunta cómo el Imperio Romano, culmen de la civilización antigua, pudo sucumbir a manos de pueblos bárbaros atrasados, violentos rudos y rurales. Si me permitís la simplificación, fue algo así: tras alcanzar el pleno desarrollo económico, político, social y cultural, los romanos decidieron que ya tenían todo lo que necesitaban, que era hora de dejar de esforzarse y empezar a vivir. Pronto empezaron a exigir al Estado, no solo que los mantuviera, sino que los entretuviera ( pan y circo). Y así llegó la decadencia total, en todos los ámbitos, aprovechada por civilizaciones primitivas que vieron la ocasión perfecta para invadir el Imperio y acabar con los siglos de esplendor que lo caracterizaron.
Así está Europa, así está España también, a punto de  ser devastada y devorada por civilizaciones sin complejos que no tienen nada que perder y mucho que ganar. Mientras tanto, nosotros pidiendo pan y circo."

Esta reflexión me la envió mi sobrina ayer, muchos años dedicada a la docencia en institutos. y gran conocedora de lo que adolece  en ellos.Al terminar de leerlo me pareció que no estaba falto de razón, por lo menos en lo que atañe a la escuela que es donde me he movido siempre y de la que puedo hablar con conocimiento de causa. La escala de valores que tuvieron nuestros mayores ya nada tiene que ver con la de ahora. Los padres ya no educan a sus hijos para el respeto, el esfuerzo, la responsabilidad...Los niños de hoy no saben responder ante la adversidad porque se lo damos todo hecho. Porque cuando sufren una contrariedad en el colegio o en el barrio con algún amigo, a los padres les falta el tiempo para ir a protestar donde sea, sacando pecho por su hijo sin saber bien si ha sido el verdadero responsable de lo ocurrido. Hay excepciones, naturalmente, pero la tónica general y lo que los docentes vemos en las aulas es el fiel reflejo de lo que pasa fuera. Nos creemos mejores padres por dar todo a nuestros hijos y estamos equivocados.Lo que hay que hacer es enseñarles a vivir, a saber sufrir y salir de las contrariedades que van a tener sin duda alguna, a disfrutar de las pequeñas cosas y no de imposibles que no están a nuestro alcance, a respetar  a sus mayores y el legado que nos dejan, a valorar el esfuerzo para conseguir las cosas, a ser responsables y consecuentes con sus acciones...
Algún día nos tendremos que dar cuenta, pero quizá sea demasiado tarde, o cambiamos esta dirección ahora o terminaremos como el Imperio Romano.


domingo, 11 de octubre de 2020

ÉRASE UNA VEZ...LA TELEVISÍON

 


Corrían los años sesenta. Yo todavía era una niña muy pequeña y los recuerdos a veces son un poco confusos, me vienen como a llamaradas, cosas puntuales pero que cuando las pienso parece que las estoy viendo como en una pantalla.

Eran los años de la prosperidad. España salía del oscuro episodio de la postguerra y se adentraba hacia un futuro esperanzador, sobre todo  para las sufridas clases medias que tantas penalidades pasaron en la época anterior.

Mi familia, perteneciente a ese colectivo, iba también abriéndose camino y prosperando poco a poco. Vivíamos en un barrio muy céntrico del casco antiguo, entre la Catedral y el Alcázar, a un paso de la Plaza de Zocodover y del Mercado Central. Disponíamos de casa propia. Una casona típica que se dividía en varios pisos que estaban alquilados. Las rentas que eso producía junto con los trabajos de mis padres, hizo que pudiéramos vivir de manera desahogada. Nunca nos faltó, pero tampoco nos sobró para grandes caprichos.

Así pues, mi padre siempre fue muy dado a comprar los últimos artilugios que salían al mercado, y un día de aquellos llegó a casa con una televisión., que por entonces, no la tenía casi nadie en el barrio. En mi casa no había ningún vecino que lo tuviera y que yo sepa por los alrededores tampoco. Era de la marca Marconi, lo recuerdo como si la viera, las imágenes en blanco y negro, como no podía ser de otra manera. A veces se veían un poco borrosas, cuando las antenas que tenía arriba, como una especie de cuernos, no cogían bien la señal. Esa fue de las primeras que salieron y se vendieron en el país, después aparecieron otras más modernas. Las antenas de cuernos fueron sustituidas por otras que se  colocaban en lo alto de terrazas y azoteas, a medida que las iba adquiriendo más gente.

 Sólo se podía ver por la mañana y por la tarde, por las noches no había programas, y si la encendías solo salían  un montón de puntitos negros. Un poco antes de comenzar la emisión del día salía la carta de ajuste, una imagen fija con un redondel y en su interior las letras TVE. Eso quería  decir que media hora después empezaría la emisión y ya no paraba hasta las doce de la noche, cuando salía la bandera de España con el himno nacional. Después de eso se acababa todo hasta el día siguiente.

A mí me encantaba verla un poquito por las tardes, cuando ponían los dibujos animados del Oso Yogui, Los Picapiedra, Los Chiripitiflaúticos, con Torrebruno, Valentina y el Capitán Tan, la Señorita Berta y su perrita Marilín, Félix el Gato...Los sábados había un programa de canciones y bailes que a los mayores les gustaba mucho, se titulaba ESCALA EN IFI, y como los vecinos de los alrededores no tenían aún el aparato se venían a casa a verlo, como si fuera una gran novedad. Y todos alrededor de la televisión no dejaban de admirar ese gran invento.



¡Qué tiempos!¡Cómo han cambiado las cosas! ¡Quién nos iba a decir que las televisiones iban a quedar anticuadas y que vendría otros aparatos del infierno ( ordenadores, tablets...) a ocupar  un lugar preeminente en nuestros hogares. Dentro de cincuenta años los niños de hoy hablarán de ellos como cosas del pasado, y qué será lo que se lleve entonces. Aunque a juzgar por los nuevos avances tecnológicos se puede uno hacer una idea.

¿Y vosotros, qué recordáis de la televisión de antes?










domingo, 4 de octubre de 2020

LA CASA DE LAS CADENAS

 



          Si alguna vez pasáis por Toledo no podéis dejar de visitar el Monasterio de San Juan de los Reyes. Fue mandado construir por los Reyes Católicos para conmemorar la Batalla de Toro y el nacimiento del príncipe Juan. Además los reyes tenían intención de convertirlo en mausoleo real, pero después, la Conquista de Granada les hizo cambiar de planes. A parte de ser uno de los monumentos más representativos del arte gótico isabelino en la ciudad, llama la atención de los visitantes unas extrañas cadenas que hay colgadas alrededor de su fachada, y cuya historia os voy a contar.

          Hubo en tiempos de Isabel y Fernando en Toledo, un afamado herrero de cuyas sus manos salían trabajos que nadie podía igualar. Rejas , aldabones, celosías, espadas...de belleza sin igual, y todos los nobles de las ciudad le hacían a él sus encargos con la tranquilidad de que quedarían plenamente satisfechos con el trabajo.

          Ismael, que así se llamaba el herrero, era judío converso, hecho que despertó en principio algunos recelos pero que después fueron pasando hasta conseguir el sincero aprecio de sus vecinos y también el de un importante noble que le cedió una gran mansión para que instalara allí su casa y taller. Contaba la casa con un amplio y luminoso patio donde el herrero junto con sus ayudantes  trabajaba sin descanso para atender los numerosos pedidos que se hacían.

          Corrían los últimos años del siglo XV, y los Reyes Católicos andaban enfrascados en  la larga y costosa Conquista de Granada, por lo que sus ausencias, lo mismo que las de muchos nobles eran prolongadas, y la ciudad se encontraba medio vacía, sin su alegría habitual. Sin embargo la actividad en el taller de Ismael no cesaba, su fragua no descansaba ni un momento, ni de día ni de noche, especializándose en la producción de cadenas. Los vecinos comenzaron a notar una extraña producción de las mismas y se quejaban del gran trasiego que había de carros cargándolas para llevarlas a algún sitio que desconocían. Se rumoreaba que iban a Granada pero sin saber para qué o para quién.

          Así transcurrió mucho tiempo, hasta que el enigmático tráfico quedó al descubierto, cuando  terminada la guerra, los primeros cristianos cautivos liberados por los Reyes Católicos volvieron a la ciudad. Uno de ellos mostró los hierros que le habían aprisionado en las cárceles  nazaríes, y los toledanos allí presentes reconocieron las inconfundibles formas del herrero, su vecino.

          Se desconoce lo que fue de él. No se sabe su huyó o fue ajusticiado, pero lo que si nos ha quedado es su casa: La Casa de las Cadenas, en pleno barrio judío. Hoy convertida en Museo.

          Y también las cadenas del Monasterio de San Juan de los Reyes, pues al terminar la guerra y liberar a miles y miles de cristianos cautivos, los Reyes Católicos, como recuerdos a su sufrimiento mandaron colgarlas de los muros del monasterio , y en ese lugar se pueden ver en la actualidad.


Y esta es la historia. Espero que os haya entretenido. 
Y ya aprovecho para dejaros el calendario de este mes.